Cuando pasamos más tiempo en casa, mantener una rutina de hábitos sanos ayuda a cuidar tanto el bienestar físico como el emocional.
Ya sea porque trabajamos desde casa, porque hace mal tiempo o porque necesitamos recuperarnos, conviene organizar el día para mantenernos activos, descansar mejor y cuidar nuestra alimentación.
1. Empezar el día bebiendo agua
Una buena hidratación es uno de los hábitos básicos para cuidar el organismo. Con un cambio de rutina puede resultar más difícil acordarse de beber, por lo que resulta útil tener siempre una botella cerca.
Al empezar el día podemos beber agua a temperatura ambiente, tibia o caliente. También podemos añadir un poco de limón si nos resulta agradable.
2. Mantener horarios fijos de comidas
Cuando permanecemos todo el día en casa, los horarios pueden volverse caóticos y podemos sentir apetito a cualquier hora. Establecer horarios regulares aporta orden y facilita una alimentación más equilibrada.
También conviene evitar cenar demasiado tarde o comer durante la madrugada, porque puede dificultar el descanso y hacer que nos levantemos con más cansancio.
3. Tomar el sol siempre que sea posible
Si disponemos de balcón, terraza o una ventana por la que entra el sol, podemos aprovechar unos minutos al día de forma gradual y responsable.
La exposición solar contribuye a la síntesis de vitamina D, relacionada con funciones como la absorción del calcio, la salud ósea y el sistema inmunitario.
4. Practicar actividad física con nuestro propio peso
La actividad física suele ser una tarea que aplazamos. En casa podemos realizar rutinas breves adaptadas a nuestra capacidad y experiencia.
Algunos ejemplos son las sentadillas, planchas, flexiones adaptadas, ejercicios abdominales o movimientos de movilidad general. Lo importante es progresar gradualmente y evitar ejercicios que provoquen dolor.
5. Hacer estiramientos musculares
Los estiramientos y los ejercicios de movilidad resultan especialmente útiles cuando pasamos muchas horas sentados o nuestra jornada es más sedentaria de lo habitual.
Podemos dedicar unos minutos a movilizar cuello, hombros, espalda, caderas y piernas, siempre con movimientos suaves y controlados.
6. No olvidarnos de las actividades creativas
Cuidar la salud también implica estimular la creatividad. Manualidades, escritura, pintura, música, cocina o cualquier actividad artística pueden ayudarnos a mantener la mente activa.
También podemos recuperar juegos, reorganizar espacios o desarrollar pequeños proyectos personales que aporten variedad y motivación a la jornada.
7. Terminar el día con relajación y desconexión
El bienestar emocional es fundamental. Terminar el día de forma pausada puede ayudarnos a descansar mejor y reducir la sobrecarga mental.
Podemos practicar respiración, relajación o meditación y reducir el uso del teléfono, las redes sociales y la exposición constante a noticias antes de acostarnos.
Estos hábitos pueden incorporarse poco a poco a nuestra vida diaria. Mantenernos activos y cuidar nuestra rutina es importante, estemos donde estemos.